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Desde el momento en que nacemos, todos los seres vivientes, sin excepción, nos volvemos día a día más viejos. Como dice un poema:
 
“El día del año nuevo es la marca de la edad de una milla. Es una ocasión feliz y, al mismo tiempo, una ocasión no tan feliz.” (Ikkyū)
Todos nos hacemos viejos.

Aunque pensemos, “Todavía soy joven”, las arrugas no tardarán en aparecer en las orillas de nuestros ojos, los dientes empezarán a caerse, nuestros ojos perderán su agudeza y nuestra memoria gradualmente se irán desvaneciendo.

Por viejo que me vuelva, si hubiera la garantía de que no moriré, por un rato al menos, la ancianidad no sería necesariamente odiosa; pero cuando caemos en la cuenta que paso a paso nos acercamos a la muerte sin poder evitarlo, el temor se va apoderando de nosotros.

Aun hoy en día, en que la expectativa promedio de vida de los japoneses, tanto hombres como mujeres, ha llegado a ser una de las más altas del mundo, nadie dirá “Ya basta”, al menos refiriéndose a sí mismo, ya que los deseos humanos son ilimitados.

 

A pesar de todo lo que hagamos y de que sea algo odioso para nosotros, con seguridad continuaremos envejeciéndonos en mente y en cuerpo. Por eso no debemos ignorar que nos hacemos viejos, sino debemos enfrentarlo y pensar cómo vivir más intensamente cada día de nuestra existencia.
 
 

 

Entre las ocho clases de sufrimiento del hombre, la primera que aparece es el nacimiento. ¿Por qué se considera el nacimiento un sufrimiento?

El dicho umi no kurushimi significa .sufrimiento de dar a luz.. Entiendo que cuando nace un bebé, el sufrimiento de la madre sobrepasa nuestra imaginación. Pero lo que se señala aquí es que .haber nacido. crea la causa para que después el infante experimente todo el sufrimiento al que deberá enfrentarse en su vida.

Si no nacemos como seres humanos, ciertamente no experimentaremos los sufrimientos de la humanidad. Por eso hay quienes, en medio de sus sufrimientos, se lamentan, .Si la vida humana es tan penosa, deseo no haber nacido.. Si el sufrimiento llega a ser en verdad insoportable, uno podría incluso llegar a pensar en acortar su propia vida por un acto voluntario.

Sin embargo, por dolorosa que parezca ser la vida, si cambiamos nuestro punto de vista, podemos incluso convencernos de que es bello haber nacido. Llevar a la gente a pensar así es una enseñanza muy importante del Budismo.

Les deseo felicidad y prosperidad a todos.

 NAMO AMIDA BUTSU

Las emociones aparecen debido a las condiciones creadas por nuestra mente confusa. Nuestra consciencia fundamental, que en el momento presente se encuentra en un estado de total ignorancia, proyecta a partir de sí la idea de un mundo experimentado por medio de los cinco sentidos, los cinco órganos de los sentidos y sus relaciones activas con los objetos externos. Debido a nuestros hábitos previos, la mente proyecta imágenes que considera separadas de ella misma. Entonces, éstas se convierten en formas que actúan como objetos para la vista, sonidos para el oído, y así sucesivamente. La presencia de estos objetos aparentemente independientes hace que la mente se perturbe, permitiendo la aparición de las emociones. Por ejemplo, cuando nuestros ojos ven una forma, la cosa no se queda ahí: inmediatamente reaccionamos frente a ella. Cuando la forma nos parece agradable, nos sentimos atraídos. Si la encontramos desagradable o repulsiva, la rechazamos y queremos alejarnos. Lo mismo aplica a toda la información sensorial, es decir, a todo lo que oímos, olemos, probamos o tocamos.

Las reacciones antes descritas reciben el nombre de los tres venenos. A ellas se adicionan la reacción de considerar nuestra experiencia como predominante (orgullo) y la de juzgar nuestra posición en relación con el objeto percibido (envidia, celos). Estos son los cinco venenos. La palabra veneno se utiliza porque estas reacciones envenenan nuestra mente y evitan la aparición de su sabiduría intrínseca.

Al leer las instrucciones de Chagme Rinpoche, tal como las expresa Lama Gendun, debemos entender cada palabra que utiliza para referirse a las cinco emociones en su sentido más amplio. Si no lo hacemos nos resultará imposible aprehender el significado profundo de sus enseñanzas.

Cada vez que los órganos de los sentidos entran en funcionamiento deberíamos mirar directamente la esencia real de lo que está sucediendo. Gradualmente llegaremos a ver que el objeto que estamos percibiendo no es más que la mente trabajando. El objeto es la mente, no se diferencia de ella y, por lo tanto, no hay necesidad de crear ninguna dualidad artificial manteniendo una distinción clara entre sujeto y objeto. Si miramos la esencia de esta carencia de dualidad, la verdadera naturaleza del objeto y de la mente que lo percibe, descubriremos la esencia misma de la mente.

Esta percepción de la esencia de la mente tiene lugar cuando todos los pensamientos previos se han detenido y el siguiente pensamiento aún no ha aparecido. La mente se encuentra en el presente espontáneo, su propia realidad. Es la mente la que ve su propia esencia y es a esto a lo que le damos el nombre de sabiduría primordial. Su presencia, entonces, aclara las emociones atómicamente. Es como encender una vela en un cuarto oscuro: tan pronto como la luz se hace presente, la oscuridad desaparece por sí sola. En forma similar, el simple hecho de que la sabiduría esté en la mente hace que las emociones se desvanezcan por completo.

Si tenemos éxito en meditar así, en ese mismo instante veremos la sabiduría inherente a cada emoción y, por ende, nos liberamos de su aspecto negativo. Esto es lo que se conoce como la aparición y la liberación simultánea de las emociones. Cada uno de los cinco venenos se reconoce como una de las cinco sabidurías. Sí, por el contrario, no logramos ver el aspecto de sabiduría del evento que está teniendo lugar en la mente, una vez más quedamos atrapados en la dualidad. Seguimos el pensamiento, nos dejamos influenciar por él y empezamos a reaccionar ante el objeto aceptándolo o rechazándolo, hasta que la mente queda invadida por la confusión y las emociones y terminamos teniendo que experimentar el sufrimiento que sigue.

Dice en el texto que si renunciamos a los cinco venenos será imposible encontrar la sabiduría. La actividad de las emociones es la actividad de la mente. Cada emoción que aparece no es más que la mente misma en acción y, por lo tanto, si rechazamos las emociones estamos rechazando, al mismo tiempo, la mente. Sólo a través de su actividad descubrimos la actividad de la sabiduría y, entonces, al rechazar la actividad emocional de la mente, rechazamos la posibilidad de encontrar su actividad de sabiduría. Esto nunca nos llevará a realizar la realidad última de la mente.

Advertencia

Abandonar los cinco venenos es un camino menos directo a la iluminación. Es el camino que siguen los sravakas (practicantes realizados del camino hinayana). Sin embargo, ver la verdadera naturaleza de las emociones en la medida en que se presentan no es una tarea fácil. Si solamente nos permitimos mirar las emociones que aparecen en nuestra mente, una detrás de la otra, en la forma usual, no somos diferentes de lo que éramos antes. Nada ha cambiado. Si de verdad gozamos con nuestras emociones, incrementando deliberadamente su fuerza hasta que nos intoxican completamente, nos estaremos comportando como alguien poseído y, en consecuencia, acumularemos el karma de un demonio.

También puede suceder que nos convirtamos en ese tipo de personas que cada vez se sienten más orgullosas de su habilidad para lidiar con las emociones. Puesto que su entendimiento no se ha desarrollado plenamente, incrementan el poder de las emociones. Entre más fuertes se vuelven, más grande se hace su orgullo. Y las cosas no paran ahí. Pese a no estar libres de confusiones emocionales, estas personas sostiene que sí lo están y se autoerigen en ejemplos para otros. Motivadas por un gran orgullo, buscan hacer crecer su reputación, que las reconozcan como importantes y famosas por su “adecuado” manejo de las emociones. Cada vez más confusas, acumulan un karma que crece cada instante en negatividad.

Un buda para cada emoción

Si logramos mirar directamente la realidad de cada uno de los cinco venenos, en la medida en que aparecen, reconoceremos que no son otra cosa que las cinco sabidurías. En el veneno de la ira y el odio percibiremos la sabiduría como espejo que corresponde al Buda Dorje Sempa. Mirando directamente la naturaleza del orgullo, encontraremos la sabiduría de la igualdad y al Buda Ratnasambhava. En la naturaleza del deseo descubriremos la sabiduría discriminativa y al Buda Amithaba. Si miramos los celos y la envidia, veremos la sabiduría que todo lo logra y al Buda Amoghasiddhi. Y si miramos la ignorancia, encontraremos la sabiduría del dharmahatu y al Buda Vairocana.

Estos Budas también corresponden a las diferentes energías elementales del cuerpo, cada una de las cuales está asociada con una emoción. Ver a través de las emociones produce no sólo la realización de un aspecto de la sabiduría sino que transforma el elemento correspondiente en el cuerpo, en cada uno de los cinco Budas. En el vajrayana no abandonamos las emociones. Simplemente miramos su naturaleza o esencia, a partir de lo cual éstas se transforman automáticamente en las cinco sabidurías y, espontáneamente, generamos las mentes de los cinco Budas arquetípicos. Este tipo de práctica la emplean quienes meditan de acuerdo con la tradición del mahamudra o el dzogchen.

Un remedio para todas las enfermedades

Mirar directamente la esencia o naturaleza de una emoción es un método que puede aplicarse en todos los casos, de la misma manera en que podemos utilizar una sola medicina para curar cien enfermedades.

El practicante con grandes habilidades utilizará este método para “inflar” las emociones en el instante en que alguna de ellas aparezca en la mente. Esto equivale a arrojar una diminuta chispa de fuego en un montón de heno seco: inmediatamente se encenderá y será completamente destruido. Aunque la chispa original es pequeña, puede quemar cualquier cantidad de heno. De la misma forma, una pequeña chispa de sabiduría puede quemar toda la confusión de la mente y las emociones asociadas con ella, hasta que lo único que queda en la mente es realidad última.

Aquellos practicantes de medianas capacidades deben utilizar este método de la siguiente manera: tan pronto como una emoción aparezca en la mente en el momento de la meditación, deben examinarla directamente, con una mirada desprovista de cualquier revestimiento. La emoción se calmará inmediatamente y perderá poder sobre el practicante. Se dice que este proceso equivale a reconocer la no dualidad del agua y las olas. En la superficie del mar se pueden ver muchas olas de diversos tamaños y formas. Sin embargo, el contenido de las olas es la misma agua del mar. En realidad no hay distinción entre las olas y el agua. De igual forma, todas las emociones que aparecen en la mente no son otra cosa que la mente misma. Por lo tanto, no hay razón para que debamos rechazar la emoción o para que la consideremos diferente a la mente. El practicante promedio podrá entender esto y, al experimentar directamente el hecho de que las emociones son simplemente la mente, éstas se calmarán por su propia cuenta.

El practicante de capacidades ordinarias podrá hacerse consciente de la emoción en el momento en que ésta aparece en la mente. No deberá involucrarse en la emoción y dejarse tomar por ella que es lo que usualmente sucede. Es como alguien loco que de pronto recupera el juicio; libre de su locura, su consciencia ordinaria regresa. En forma similar, tan pronto como esta persona se da cuenta de la presencia de una emoción, aplica la práctica que considere apropiada en ese momento y circunstancias. Ser conscientes de la emoción, incluso de manera parcial, aunque no nos libera nos da el punto de arranque para la aplicación posterior de otros enfoques para trabajar con las emociones.

Para nosotros es difícil considerar la ignorancia como una emoción, pero si pensamos cuidadosamente, podemos ser influenciados por la ignorancia como por el deseo y la ira. La ignorancia no es algo neutral sin efectos o consecuencias, es un estado definido de la mente que hace que actuamos en una forma determinada.

La ignorancia ocurre cuando no somos capaces de ver las cosas como realmente son. Esta incapacidad de reconocer lo que está sucediendo puede ser consciente o inconsciente: unas veces se presenta como inocencia y otras como indiferencia, es decir, no querer ver deliberadamente lo que está pasando. Puede involucrar factores como una confusión general acerca de lo que está ocurriendo o la formación de visiones totalmente erradas. También tiene que ver con el apego. La ignorancia a veces puede ser muy cómoda (“la ignorancia es una bendición”, dicen) Si nos miramos de cerca podemos encontrar estas actitudes en gran cantidad de nuestros comportamientos. Desde el punto de vista budista, la ignorancia nada tiene que ver con la inocencia o la bienaventuranza. Por el contrario, es la causa principal de nuestro sufrimiento y por ello es que se incluye de forma explícita entre los cinco venenos.

 1) Con el pensamiento de obtener la Iluminación para beneficiar a todos los seres, practicaré constantemente considerando a todos los seres como lo más querido, como algo más valioso que la Joya que satisface todos los deseos.

2) Dondequiera que vaya y estando en compañía de otros, practicaré considerándome a mí mismo como el más inferior de todos y, desde lo más profundo de mi corazón, tendré a los demás como lo más supremo.

3) En todas mis acciones examinaré mi mente y, tan pronto como surja un pensamiento descontrolado, inmediatamente lo afrontaré y lo eliminaré firmemente, ya que me pone en peligro a mí y a los demás.

4) Cuando me encuentre con seres perversos, oprimidos por el peso de su falta de virtud y su sufrimiento, los consideraré como lo más querido, como si se tratase de un preciado tesoro, ya que estos seres son muy difíciles de encontrar.

5) Cuando por envidia otros me maltraten ofendiéndome, difamándome y despreciándome, practicaré aceptando mi derrota y ofreciéndoles la victoria a los demás.

6) Cuando alguien a quien he beneficiado y en quien he depositado una gran confianza, me maltrate y dañe, practicaré considerándolo como mi supremo maestro.

7) En resumen, ofreceré tanto directa como indirectamente, todo el beneficio y la felicidad a todos los seres sintientes. Todos ellos han sido alguna vez mi madre o amigo en vidas pasadas. Practicaré secretamente, tomando sobre mí todas sus acciones nocivas y sus sufrimientos.

8 ) Percibiendo todos los fenómenos como ilusorios, mantendré estas prácticas incontaminadas por los 8 pensamientos mundanos, y sin aferramiento, liberaré a todos los seres de la esclavitud de sus perturbadas mentes incontroladas y del karma.

Notas:

 Los Ocho Versos nos ayudan a adiestrar la mente, eliminar nuestra mente egoísta y transformarla en una mente altruista, que ve a los demás como lo más importante, la única fuente de nuestra propia felicidad. Todo lo que hemos conseguido en esta vida y en otras se lo debemos a la amabilidad de los demás. Se trata de que el amor y la compasión reales se pueden adquirir por entrenamiento.

1) Significa que los demás son la fuente de todo lo bueno nuestro en esta y otras vidas. Es para desarrollar la compasión, que es el deseo de liberar a todos los seres del sufrimiento y de sus causas; desarrollar el amor, que es el deseo de que todos los seres tengan la felicidad y sus causas; y desarrollar la ecuanimidad, que es alejarse del vaivén del amor y odio que se da si sólo tenemos intereses personales.

2) Es para eliminar el orgullo y la arrogancia, un gran obstáculo para aprender de los otros. Con ello eliminamos el ansia.

3) El origen del sufrimiento es la idea falsa de algo, para anular las ideas falsas hay que usar la atención a nosotros y a todos los seres.

4) Se trata de que estamos acostumbrados a posicionarnos como superiores y mejores ante los enfermos y feos, que son considerados seres de segundo orden. Hay que usar la técnica de cambiarse por ellos para aprender y usar el tong leng para romper el apego a la idea de nosotros.

5) La envidia es un juicio injusto. Se considera al otro como inmerecedor de su felicidad por ser menos importante que nosotros. Este verso recomienda no meterse en esos juicios.

6) Este verso se refiere a la práctica de la paciencia, ya que los maestros sólo dan enseñanzas teóricas. Los enemigos son una oportunidad para practicar de verdad con las pasiones. No obstante, se recomienda dejar claro, sin malos modos, que es algo malo y no se debe repetir.

7) Este verso enfatiza la utilidad del tong leng y recordar que todos los fenómenos son interdependientes.

8 ) Si la práctica del Dharma está contaminada por los ocho pensamientos mundanos, entonces no funciona. Los ocho pensamientos mundanos son: placer y dolor, buena y mala reputación, alabanzas y culpas, ganancias y pérdidas.

Salvación Budista

En este mundo es difícil sentirse desinteresado. Pero cuando realmente entendemos la enseñanza del Buda, entonces reconocemos la verdad en la declaración de Shinran Shonin que dice “todos los seres son mis padres y madres.” Veamos por qué esto es así.

Cuando meditamos en la naturaleza verdadera del universo y cada ser sensible, realizaremos, tal como el Buda Gautama cuando dijo que toda la vida es la unidad; la unidad es toda. Entonces, no podemos vivir solo. Y cuando fallezcamos, inmediatamente entramos en la Vida y Luz infinita. Esta Vida y Luz no discrimina; no es “mi propia” vida y luz – esto pertenece a todos los seres sensibles.

Incluso el aire ejemplifica esta verdad – se extiende por todas partes, de modo que el aire que respiramos aquí esté el mismo aire aspirado en África, Asia y Europa. Todos los seres viven en la misma condición. Esto es la enseñanza del Buda Gautama. Y cada ser sensible será iluminado – no sólo los humanos, sino los gatos y los perros, los aves y los peces – y todos son mis hermanos y hermanas.

Hace más de mil años, Gyogi Bosatsu dijo el siguiente durante un paseo por el bosque:

Oí a los pájaros cantantes;
De repente pensé:
Esto es la voz del padre, la voz de la madre.

 La enseñanza de Buda otorga a cada ser sensible; esto es la gran ecuanimidad, el no ego. Si limpiamos nuestro ojo con la iluminación, entenderemos esta unidad. Pero siempre este ojo está cubierto por nuestro egoísmo y discriminación; por lo tanto, es muy difícil ver la Verdad, ya que nuestro pensamiento es enormemente limitado y también nuestras palabras. Incluso el Nembutsu ni se puede ser recitado para salvar a otro.

La cosa importante, entonces, es hacerse despertado. El despertar se hace uno igual como Amida mismo (misma). Y si hay hasta un solo ser que no puede despertar, Amida misma no despertará. Cuando despertamos, el voto y la acción de Amida se hacen nuestro voto y acción. No elegimos a vivir en ningún paraíso sino trabajamos continuamente para la salvación de otros. Esta enseñanza es siempre la acción sobre la acción, marchando y marchando a favor de todos los seres sensibles. No hay ningún descanso

El objetivo de la vía búdica consiste en “salirse de los sufrimientos y tribulaciones”. Esto no puede llevarse a cabo rechazando la realidad tal como se presenta, ni buscando incansablemente toda clase de bienes, espirituales tanto como materiales, sino cambiando la propia manera de ver las cosas y encontrando la actitud justa frente a la existencia.

Esta actitud es esencialmente aceptación de la realidad y no-apego a los fenómenos, es decir, lo que el “Gran Sutra” llama “La experiencia del Vacío, de los Sin-forma y del No-deseo”. Produce un sentimiento de profunda libertad espiritual, que en mismo libro define como “No-actuar” y “No-esfuerzo”.

La mayor parte de las personas están cegadas por las actividades ylos deseos que llenan su vida y piensan que el no-apego budista vuelve al hombre parecido a un leño sin sensibilidad y le impide saborear la existencia. Lo cual es radicalmente falso. Cuando se es libre y sin apego en el corazón, es cuando se es feliz y cuando verdaderamente se puede apreciar, sin resabio, todas las maravillas de la vida. Los placeres y las agitaciones que llenan el pensamiento de la gente, son, en realidad, inconscientes y vanos. Es el vacío del no-apego lo que es realmente plenitud. Por lo demás, en estas comprobaciones, como veremos, se fundamenta la distinción entre los mundos impuros donde sufren los seres y la Tierra de Pureza, que es la propia felicidad del Buda “cristalizado”

En consecuencia, lo esencial para la practica del budismo es una cultura mental. Si el hombre sufre, es porque su espíritu funciona mal o, como dice el “Sutra de la COntemplación”, porque su espíritu “está enfermo y es grosero”. Se dice que el hombre está sumergido en la ignorancia, porque no sabe disponer sus pensamientos. Cuando disipa esta errónea manera de ver, se dice que se despierta y se convierte en Buda, es decir, “Despierto”, “Iluminado”.

EL estado de profunda paz espiritual resultante de esta nueva manera de ver se llama Nirvana, “Extinción del sufrimiento”. Se trata de una experiencia permanente situada más allá de la afirmación y de la negación, del deseo y de la repulsión, del  bien y del mal. Por consiguiente, es lo contrario del “Samsara”, ya que trasciende toda dualidad. Sin embargo no es diferente de el en el sentido que lo constituye una experiencia propia de los seres vivos.

El Nirvana ha sido generalmente descrito en términos negativos, porque todos los términos que nuestra mente inventa se oponen a su negación y son, por lo tanto, prisiones de la dualidad. Algunos textos, sin embargo, hablan de él en términos positivos y lo definen como un estado que perdura, una unidad interior, una felicidad sin límites, una pureza incorruptible.

En él, todos los determinismos que provienen del Karma, se suprimen. En él, todos los obstáculos y todos los lazos desaparecen. Es no-apego y plenitud, la feliz coronación de toda la vida.

Buda Amida

En la base del Budismo se halla la comprobación del mundo del sufrimiento. Así lo mostró Buddha claramente en su primer discurso en el Parque de las Gacelas de Benarés: «Esta es, oh monjes, la Noble Verdad sobre el Sufrimiento: el nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la unión con lo que odiamos es sufrimiento, la separación de lo que amamos es sufrimiento, no obtener lo que deseamos es sufrimiento. En resumen, las cinco clases de objeto del apego son sufrimiento.»

Si se examina este enunciado, nos damos cuenta de que no hace más que traducir una intuición más profunda: la de la impermanencia universal.

Esto proviene de una extrema penetración de la realidad.

Mirando atentamente el mundo exterior y todo cuanto contiene, observando el ámbito interior del espíritu, se comprueba que nada permanece, sino que todo cambia continuamente. Y este cambio se produce de una manera cíclica. Una cosa nace, crece, declina y después muere. Muerte que, a su vez, entraña un nuevo nacimiento y así sucesivamente. Sea cual fuere la interpretación que se pueda dar del hecho, puede decirse que cada uno de los seres representa como un eslabón dentro de una larga serie de existencias. Esto se verifica en todo: los objetos se desgastan, los vivos decaen, los pensamientos y los caracteres cambian, los mundos evolucionan, etc., revelando constantemente nuevas formas.

A este ciclo de nacimientos y de muertes que arrastra a todos los seres, se le llama Samsâra. Con toda naturalidad está simbolizado por una rueda que gira sin parar.

El Samsâra es el terreno de la dualidad. Todo en él está compuesto por pares de opuestos: nacimiento y muerte, salud y enfermedad, afirmación y negación, claro y oscuro, bien y mal, puro e impuro, etc. Lo que es tanto como decir que se trata del dominio de la universal relatividad, un mundo donde los seres son opacos unos para otros. Es también un universo de condicionamientos y de sufrimientos. En él los seres no se encuentran libres, porque constantemente sufren tanto los estados de su propia naturaleza como las múltiples influencias impuestas por la vida. La causa es que se aferran a lo que muere y desaparece, intentan apoderarse de lo que no está a su alcance y rechazan la realidad tal y como se presenta ante ellos.