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Archive for 25 abril 2010

 1) Con el pensamiento de obtener la Iluminación para beneficiar a todos los seres, practicaré constantemente considerando a todos los seres como lo más querido, como algo más valioso que la Joya que satisface todos los deseos.

2) Dondequiera que vaya y estando en compañía de otros, practicaré considerándome a mí mismo como el más inferior de todos y, desde lo más profundo de mi corazón, tendré a los demás como lo más supremo.

3) En todas mis acciones examinaré mi mente y, tan pronto como surja un pensamiento descontrolado, inmediatamente lo afrontaré y lo eliminaré firmemente, ya que me pone en peligro a mí y a los demás.

4) Cuando me encuentre con seres perversos, oprimidos por el peso de su falta de virtud y su sufrimiento, los consideraré como lo más querido, como si se tratase de un preciado tesoro, ya que estos seres son muy difíciles de encontrar.

5) Cuando por envidia otros me maltraten ofendiéndome, difamándome y despreciándome, practicaré aceptando mi derrota y ofreciéndoles la victoria a los demás.

6) Cuando alguien a quien he beneficiado y en quien he depositado una gran confianza, me maltrate y dañe, practicaré considerándolo como mi supremo maestro.

7) En resumen, ofreceré tanto directa como indirectamente, todo el beneficio y la felicidad a todos los seres sintientes. Todos ellos han sido alguna vez mi madre o amigo en vidas pasadas. Practicaré secretamente, tomando sobre mí todas sus acciones nocivas y sus sufrimientos.

8 ) Percibiendo todos los fenómenos como ilusorios, mantendré estas prácticas incontaminadas por los 8 pensamientos mundanos, y sin aferramiento, liberaré a todos los seres de la esclavitud de sus perturbadas mentes incontroladas y del karma.

Notas:

 Los Ocho Versos nos ayudan a adiestrar la mente, eliminar nuestra mente egoísta y transformarla en una mente altruista, que ve a los demás como lo más importante, la única fuente de nuestra propia felicidad. Todo lo que hemos conseguido en esta vida y en otras se lo debemos a la amabilidad de los demás. Se trata de que el amor y la compasión reales se pueden adquirir por entrenamiento.

1) Significa que los demás son la fuente de todo lo bueno nuestro en esta y otras vidas. Es para desarrollar la compasión, que es el deseo de liberar a todos los seres del sufrimiento y de sus causas; desarrollar el amor, que es el deseo de que todos los seres tengan la felicidad y sus causas; y desarrollar la ecuanimidad, que es alejarse del vaivén del amor y odio que se da si sólo tenemos intereses personales.

2) Es para eliminar el orgullo y la arrogancia, un gran obstáculo para aprender de los otros. Con ello eliminamos el ansia.

3) El origen del sufrimiento es la idea falsa de algo, para anular las ideas falsas hay que usar la atención a nosotros y a todos los seres.

4) Se trata de que estamos acostumbrados a posicionarnos como superiores y mejores ante los enfermos y feos, que son considerados seres de segundo orden. Hay que usar la técnica de cambiarse por ellos para aprender y usar el tong leng para romper el apego a la idea de nosotros.

5) La envidia es un juicio injusto. Se considera al otro como inmerecedor de su felicidad por ser menos importante que nosotros. Este verso recomienda no meterse en esos juicios.

6) Este verso se refiere a la práctica de la paciencia, ya que los maestros sólo dan enseñanzas teóricas. Los enemigos son una oportunidad para practicar de verdad con las pasiones. No obstante, se recomienda dejar claro, sin malos modos, que es algo malo y no se debe repetir.

7) Este verso enfatiza la utilidad del tong leng y recordar que todos los fenómenos son interdependientes.

8 ) Si la práctica del Dharma está contaminada por los ocho pensamientos mundanos, entonces no funciona. Los ocho pensamientos mundanos son: placer y dolor, buena y mala reputación, alabanzas y culpas, ganancias y pérdidas.

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Salvación Budista

En este mundo es difícil sentirse desinteresado. Pero cuando realmente entendemos la enseñanza del Buda, entonces reconocemos la verdad en la declaración de Shinran Shonin que dice “todos los seres son mis padres y madres.” Veamos por qué esto es así.

Cuando meditamos en la naturaleza verdadera del universo y cada ser sensible, realizaremos, tal como el Buda Gautama cuando dijo que toda la vida es la unidad; la unidad es toda. Entonces, no podemos vivir solo. Y cuando fallezcamos, inmediatamente entramos en la Vida y Luz infinita. Esta Vida y Luz no discrimina; no es “mi propia” vida y luz – esto pertenece a todos los seres sensibles.

Incluso el aire ejemplifica esta verdad – se extiende por todas partes, de modo que el aire que respiramos aquí esté el mismo aire aspirado en África, Asia y Europa. Todos los seres viven en la misma condición. Esto es la enseñanza del Buda Gautama. Y cada ser sensible será iluminado – no sólo los humanos, sino los gatos y los perros, los aves y los peces – y todos son mis hermanos y hermanas.

Hace más de mil años, Gyogi Bosatsu dijo el siguiente durante un paseo por el bosque:

Oí a los pájaros cantantes;
De repente pensé:
Esto es la voz del padre, la voz de la madre.

 La enseñanza de Buda otorga a cada ser sensible; esto es la gran ecuanimidad, el no ego. Si limpiamos nuestro ojo con la iluminación, entenderemos esta unidad. Pero siempre este ojo está cubierto por nuestro egoísmo y discriminación; por lo tanto, es muy difícil ver la Verdad, ya que nuestro pensamiento es enormemente limitado y también nuestras palabras. Incluso el Nembutsu ni se puede ser recitado para salvar a otro.

La cosa importante, entonces, es hacerse despertado. El despertar se hace uno igual como Amida mismo (misma). Y si hay hasta un solo ser que no puede despertar, Amida misma no despertará. Cuando despertamos, el voto y la acción de Amida se hacen nuestro voto y acción. No elegimos a vivir en ningún paraíso sino trabajamos continuamente para la salvación de otros. Esta enseñanza es siempre la acción sobre la acción, marchando y marchando a favor de todos los seres sensibles. No hay ningún descanso

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El objetivo de la vía búdica consiste en “salirse de los sufrimientos y tribulaciones”. Esto no puede llevarse a cabo rechazando la realidad tal como se presenta, ni buscando incansablemente toda clase de bienes, espirituales tanto como materiales, sino cambiando la propia manera de ver las cosas y encontrando la actitud justa frente a la existencia.

Esta actitud es esencialmente aceptación de la realidad y no-apego a los fenómenos, es decir, lo que el “Gran Sutra” llama “La experiencia del Vacío, de los Sin-forma y del No-deseo”. Produce un sentimiento de profunda libertad espiritual, que en mismo libro define como “No-actuar” y “No-esfuerzo”.

La mayor parte de las personas están cegadas por las actividades ylos deseos que llenan su vida y piensan que el no-apego budista vuelve al hombre parecido a un leño sin sensibilidad y le impide saborear la existencia. Lo cual es radicalmente falso. Cuando se es libre y sin apego en el corazón, es cuando se es feliz y cuando verdaderamente se puede apreciar, sin resabio, todas las maravillas de la vida. Los placeres y las agitaciones que llenan el pensamiento de la gente, son, en realidad, inconscientes y vanos. Es el vacío del no-apego lo que es realmente plenitud. Por lo demás, en estas comprobaciones, como veremos, se fundamenta la distinción entre los mundos impuros donde sufren los seres y la Tierra de Pureza, que es la propia felicidad del Buda “cristalizado”

En consecuencia, lo esencial para la practica del budismo es una cultura mental. Si el hombre sufre, es porque su espíritu funciona mal o, como dice el “Sutra de la COntemplación”, porque su espíritu “está enfermo y es grosero”. Se dice que el hombre está sumergido en la ignorancia, porque no sabe disponer sus pensamientos. Cuando disipa esta errónea manera de ver, se dice que se despierta y se convierte en Buda, es decir, “Despierto”, “Iluminado”.

EL estado de profunda paz espiritual resultante de esta nueva manera de ver se llama Nirvana, “Extinción del sufrimiento”. Se trata de una experiencia permanente situada más allá de la afirmación y de la negación, del deseo y de la repulsión, del  bien y del mal. Por consiguiente, es lo contrario del “Samsara”, ya que trasciende toda dualidad. Sin embargo no es diferente de el en el sentido que lo constituye una experiencia propia de los seres vivos.

El Nirvana ha sido generalmente descrito en términos negativos, porque todos los términos que nuestra mente inventa se oponen a su negación y son, por lo tanto, prisiones de la dualidad. Algunos textos, sin embargo, hablan de él en términos positivos y lo definen como un estado que perdura, una unidad interior, una felicidad sin límites, una pureza incorruptible.

En él, todos los determinismos que provienen del Karma, se suprimen. En él, todos los obstáculos y todos los lazos desaparecen. Es no-apego y plenitud, la feliz coronación de toda la vida.

Buda Amida

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En la base del Budismo se halla la comprobación del mundo del sufrimiento. Así lo mostró Buddha claramente en su primer discurso en el Parque de las Gacelas de Benarés: «Esta es, oh monjes, la Noble Verdad sobre el Sufrimiento: el nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la unión con lo que odiamos es sufrimiento, la separación de lo que amamos es sufrimiento, no obtener lo que deseamos es sufrimiento. En resumen, las cinco clases de objeto del apego son sufrimiento.»

Si se examina este enunciado, nos damos cuenta de que no hace más que traducir una intuición más profunda: la de la impermanencia universal.

Esto proviene de una extrema penetración de la realidad.

Mirando atentamente el mundo exterior y todo cuanto contiene, observando el ámbito interior del espíritu, se comprueba que nada permanece, sino que todo cambia continuamente. Y este cambio se produce de una manera cíclica. Una cosa nace, crece, declina y después muere. Muerte que, a su vez, entraña un nuevo nacimiento y así sucesivamente. Sea cual fuere la interpretación que se pueda dar del hecho, puede decirse que cada uno de los seres representa como un eslabón dentro de una larga serie de existencias. Esto se verifica en todo: los objetos se desgastan, los vivos decaen, los pensamientos y los caracteres cambian, los mundos evolucionan, etc., revelando constantemente nuevas formas.

A este ciclo de nacimientos y de muertes que arrastra a todos los seres, se le llama Samsâra. Con toda naturalidad está simbolizado por una rueda que gira sin parar.

El Samsâra es el terreno de la dualidad. Todo en él está compuesto por pares de opuestos: nacimiento y muerte, salud y enfermedad, afirmación y negación, claro y oscuro, bien y mal, puro e impuro, etc. Lo que es tanto como decir que se trata del dominio de la universal relatividad, un mundo donde los seres son opacos unos para otros. Es también un universo de condicionamientos y de sufrimientos. En él los seres no se encuentran libres, porque constantemente sufren tanto los estados de su propia naturaleza como las múltiples influencias impuestas por la vida. La causa es que se aferran a lo que muere y desaparece, intentan apoderarse de lo que no está a su alcance y rechazan la realidad tal y como se presenta ante ellos.

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Una observación en profundidad del mundo de la inpermanencia permite descubrir que todo se hace y se deshace conforme a leyes.

En el plano moral, la vida de los seres se regula por la Ley de Causa-y-efecto, también llamada Ley del Karma, es decir, del Acto.

Según esta Ley, todo acto, independientemente de los efectos que pueda provocar en un orden de la causalidad material, deja necesariamente huellas buenas o malas en aquel mismo que actúa. En otros términos, todo acto que realizamos, en bien o mal, no sólo nos acarreará ciertas consecuencias materiales agradables desagradables, sino que también nos vuelve diferentes de lo éramos antes. Imprime en nosotros una profunda marca que va a influir, incluso sin saberlo, tanto en la visión que podamos tener de las cosas como en nuestro comportamiento futuro.

Somos la creación de todo nuestro pasado, y aun cuando actualmente nos creemos libres, estamos condicionados en todos nuestros pensamientos y en todas nuestras acciones.

Donde quiera que se manifiesta un efecto, necesariamente debemos admitir una causa del mismo orden. En virtud de esta Ley es como el Budismo, considerado que los elementos que componen nuestra naturaleza física están originados por causas materiales, concluye que todos los que forman nuestra vida espiritual se inscriben en una corriente de consciencia anterior a nuestra concepción. Es más, admite que nuestra naturaleza física y todas las circunstancias que rodean nuestro nacimiento y desarrollo: herencia, educación, familia, condición social, etc., corresponden a vínculos particulares que fueron anudados en el curso de un pasado incalculable.

Si la Ley de Causa-y-efecto permite explicar nuestra presente condición, también permita definir una regla de conducta para el provenir.  Efectivamente, de la misma manera que resulta del pasado lo que actualmente somos, lo que realizamos ahora es terminante para nuestra evolución futura. Luego, es necesario plantar las raíces del bien y abstenernos de las malas acciones.

Los preceptos búdicos (no matar, no robar, no mentir, etc) que confluyen con los mandamientos de diversas religiones, no expresan la voluntad superior y divina sino que, únicamente, indican al hombre cuáles son los actos que, en los planos del cuerpo, de la palabra y del espíritu, dejan malas huellas y cuales favorecen la paz y la felicidad.

Toda la moral búdica deja, por tanto, plenamente al hombre el cuidado de tomar sus responsabilidades y de decidir por sí mismos, en la medida de su naturaleza y de sus conocimientos, lo que debe realizar y lo debe evitar.

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